El culto a lo extravagante se hace moda
La palabra kitsch se origina del término alemán yidis etwas verkitschen. Define al arte que es considerado como una copia inferior de un estilo existente. También se utiliza el término kitsch en un sentido más libre para referirse a cualquier arte que es pretencioso, pasado de moda o de mal gustoTodo tiempo pasado fue mejor. En realidad, esta consigna es bastante discutible, hay que reconocer que siempre es pronunciada por personas que nunca tienen menos de cinco décadas en el cuerpo, cuando miran con nostalgia esa juventud que se les escapó cuando ya habían aprendido a vivirla, y que nunca volverá, más que en recuerdos.
Pero todo cambia cuando son los mismos jóvenes los que, escarbando en el baúl de sus padres y abuelos, encuentran las ropas que ellos vestían, los vinilos que bailaban y los regalos que recibieron de sus primeras parejas. Y los toman, los usan, los visten y los bailan con una complicidad y a manera de homenaje a la época donde ellos sólo eran un cúmulo de sueños y proyectos a veces incluso irrealizables.
El reciclar de modas y estilos de años anteriores no es nada nuevo. La moda siempre encuentra la forma de mirarse al ombligo y volver a ocupar los mismos clichés, los mismos colores, los mismos ritmos que antes hicieron crecer a los más viejos. Quizás aquí está la esencia de lo que puede llamarse la “onda kitsch”, grupo de jóvenes que, al igual que los hippies de los noventa o la onda disco reinventada en la electrónica, buscan, a través de los peinados exagerados y la música cebolla de los ochenta, recordar y nuevamente inventar una moda.
Las líneas curvas llenas de objetos cumplen con el gran principio del kitsch: la ornamentación a ultranza. El colorido no entiende de la simplicidad, de colores negro y blanco, y prefiere los colores vivos y contradictorios. Rojos, rosa, lilas y violetas son las tonalidades más predominantes. Los materiales empleados con más asiduidad para la decoración de estancias suelen ser imitaciones de otros más costosos: cerámica y plásticos que simulan mármol, zinc que pretende ser bronce... Tampoco está en la naturaleza del kitsch mantener el tamaño natural de lo representado, por el contrario existe una permanente tendencia a la distorsión de los objetos en función de la decoración, ya sea una pintura a la medida del muro, un teléfono con forma de manzana o un edificio con forma de teléfono.